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domingo, 19 de junio de 2011

“ EL BOLITA DE FUEGO”. CUENTO FANSTASTICO MARIA ESTER CORREA

FECHA 14 DE ABRIL DE 2011
CUENTO FANTASTICO:
“ EL BOLITA DE FUEGO”.

                   De pequeña siempre había sido mañosa para comer. Había que sentarla junto a algún mayor para que probara bocado.
                   Su delgadez extrema, sus patas flacas, su carita pálida, sus facciones agudas, tenía preocupados a nuestros  padres.
                   Ellos habían contactado con los mejores profesionales. Le habían indicado estudios para saber la razón de su extrema delgadez. Vitaminas.
                   No había caso.¡ Parecía un alambre parado!
                   Como habrá sido su flacura, que de tener un corte de pelo que la hacía ver como un varoncito, uno de mis picaros hermanos le había puesto “ El lucio”. Cambiado por el bello nombre de Lucía.
                   Cuando se vestía parecía un espantapájaros. La ropa le quedaba como si fuera una percha.
                   Al momento de almorzar, volaba lejos a esconderse bajo la cama. Ningún grito de mi  madre, o el suplicar de mi padre eran suficientes para sacarla de allí.
                   —Lucía salí de allí, no me hagas enojar. Mirá que se lo cuento a los reyes magos.  ­Gritaba papa tirado en el suelo para poder tomarla.  
                   Mamá menos complaciente: 
                   —¡No te hagas la viva, que vas a ligar! -Y lo decía en serio, no se quedaba en amagues.
                   Todos los días la misma historia. Corretearla. Traerla de los pelos y sentarla a la fuerza a comer. Lloraba, se le caían las lagrimas, y su llanto llegaba a doler.¡ Pero no lo dejaba de hacer!  
                   Seguro si corría un viento zonda, se la llevaría y no la veríamos más. Los hermanos estábamos cansados de estos episodios salidos de una comedia italiana. Siempre terminaba todo mal. Le teníamos una rabia bárbara. ¡Niñita malcriada!
                   —La chinita era todavía muy pequeña y había que tenerle paciencia.  -Decían al unísono mis padres.
                   —La chinita era una sinvergüenza que lo único que esperaba era la atención. Lo menos que le importaba era el sufrimiento nuestro .  
                   Un día de esos de verano que comíamos debajo del sauce llorón, en el patio de tierra,  bien apisonada, se ponían los tablones con platos, y vasos. Mamá ve,  en el alambrado que separaba el fondo de la viña de atrás,  posado un pajarito que parecía una bolita de fuego.
                   Comienza a decirnos que era un ángel que se posaba allí para ver a Lucía. El era el mensajero de Dios. Llevaría el chisme de lo que pasaba. Además contaría si hacía escándalos o lloraba.  
                   Lucía que tenía ojos verdes grandes, que se destacaban en la cara huesuda, se quedó impactada con el cuento. Igual  que nosotros. Esperamos siempre la llegada de la avecilla.  
                   Así fue que comenzamos a verlo todos los días en el horario del medio día.  
                   Se había convertido en un ritual. Desde allí observábamos que nuestra hermana corría en primer lugar a sentarse. Dejó de hacer los consabidos ataques de caprichos. Miraba extasiada como ese pequeños pajarito la miraba.  No volaba hasta que todos termináramos.
                   Esto que parecía contado para que comiera, terminó siendo un tema de comentarios al tiempo entre los grandes, como éramos ya algunos, y mis padres.
                   Los sucesos nos convencieron que era un enviado de los cielos y tenía comunicación directa con él. 
                   —¿ Te acordás del bolita de fuego?
                  
                                                         MARIA ESTER CORREA
                                     

2 comentarios:

  1. Me ha encantado. Me ha hecho pensar en la vida de mi madre. Ella tuvo vitaminas. Su padre era boticario. Pero pasó la infancia sin "bolita de fuego". Con cierta envidieta que generó en desdén por parte de sus hermanos. Pero su madre se iba muriendo y creyó que Dios se había burlado de sus súplicas. Dios presente e implacable. Dios que no era el que había creído. Y fue padeciendo su suerte ,que por no haberla desafiado, de viento sordo pasó a ser tornado. Y con el paso de los años se convirtió en huracán. Y murió sin que nadie reparase en la furia desoladora que la convirtió en cenizas. Pero yo la soñé enlarvada en alguna tumba subterránea y le pedí que no esperase conversión para salir. Que basta con abrir los ojos para ver la luz. Y la quise consolar como a una niña. Pero esperé, espero. Esperaré.

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  2. Belen que bien que escribes. Loa haces en forma descarnada, sin vueltas, con mucho coraje. La verdad eres una gran escritora.

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