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lunes, 10 de octubre de 2011

LA DECISIÓN: ( relato MARIA ESTER)

DIA: 6 DE MAYO DE 2010.



LA DECISIÓN:

         Se adormece la tarde, los rojizos cubren el firmamento, el bosque se prepara. Las sombras danzan en el ramaje. Eduardo camina desorientado, y sin rumbo. Había salido a fumarse un cigarrillo y poder meditar con tranquilidad lo que recién acababa de ocurrir. 
         De a poco se va introduciendo en el entramado de árboles, y se da cuenta que las ramas cubren el suelo de oscuridad.
         Se va dando cuenta que cada vez se hace más silencioso el lugar, ya no se oyen los pájaros, pero a poco de encontrarse allí se comienzan a escucharse los grillos, las chicharras, los búhos, los murciélagos que con su vuelo rasante chillan y producen miedo.
         Pero así y todo busca un reparo y se sienta en una piedra robusta que se hallaba justo pegada a un grande y frondoso pino.
         El sitio es apropiado para meditar,... comienza a sentir frío, y se da cuenta que con el apuro dejó la campera sobre el sillón ocre de la sala de estar. Piensa: “Ya es tarde para volver y buscarla.”
         Comienza a tiritar. Se apretuja los brazos como si se abrazara. Tira el cigarrillo al suelo; antes lo apaga para no producir un incendio.
         Inmediatamente comienza a fumar otro, se ven en la arboleda las luciérnagas, y más allá una luz  tenue que le sirve de referencia.
         Recuerda los últimos momentos vividos en la casa con Silvia. Repasa una a una las hirientes palabras que se dijeron y que se clavaron en su humanidad lánguida como una daga afilada ensartada en pleno corazón.
         Siente un nudo en la garganta, se da cuenta que no puede articular palabra y que unas pequeñas gotas de lágrimas se deslizan por su rostro pétreo, surcado por algunas prematuras arrugas.
         El tema que lo atormenta es la enfermedad nunca  especificada y controlada por ella.
         Se lo trató de explicar como tantas e infructuosas veces lo hablaron, pero los celos de ella, intolerables, e infundados, arruinaban la relación.
         Se mete en lo profundo de sus recuerdos, y se traslada cual un rayo de  luz, a la época en que ambos eran adolescentes, compañeros de colegio, compinches, y se enamoraron apenas se vieron el uno al otro.
         Allí mismo comenzó un noviazgo a la vieja usanza, pero como todo fue prematuro, no pudo darse cuenta que ella tenía una personalidad que la carcomía como un cáncer y asfixiaba al otro.
         En ese entonces, él no le dio importancia. ¡ de tan enamorado....!
         Y ahora evoca esos tiempos en los que con su pinta varonil, pelos rubios ensortijados, los ojos celestes azulados como el color del cielo, su sonrisa ancha y blanca, su simpatía y amabilidad, y siendo amigo de sus amigos, piropeador. Tuvo las mujeres que quiso.
         No andabuvo con una sola, sino con varias a la vez, pero cuando conoció  a Silvi, como él la apodó, se terminó el “ donjuanismo”. ¡Ella pasó a ser todo para él!
         Era una mujer muy sensual,  y se caracteriza por ser morocha, ojos rasgados como de gata, de color verde, pestañas largas, frondosas y negras, pómulos altos y pronunciados,  alta, voluptuosa, con unas curvas increíbles, labios carnosos pintados “ rojo carmesí”, uñas esculpidas. De adelante una belleza y de atrás mucho más.
         Se caracterizaba por ser el alma mater de todas las fiestas a las que concurrían, y era la que armaba las juntadas ( asaltos como les llamaron décadas atrás).
         Agradable en el trato, locuaz, líder. Amiga de los amigos. Un ser angelical pero a la vez  un  demonio.
         Vestía de forma insinuante, con mini faldas, colores chillones, botas altas, cinturones con hebillas apretadas que marcaban su figura, y se pintaba destacando sus rasgos gatunos.
         Componían la pareja ideal.
         Después de la secundaria entraron en la Universidad a estudiar los dos medicina, y se recibieron con las mejores notas.
         Los momentos compartidos habían sido hermosos, de ensueño, de erotismo,  y pasión, ambos eran buenos amantes, pero ... estaba la sin razón que la dominaba y la convertía en un ser intratable.
         Ella sufría cambios tan rotundos de carácter que de ser esa persona vivaz se convertía en una leona a punto de comerse la presa.
         Y cuando no estaba obsesionada todo era dulce y suave.
         Se casaron y se fueron a vivir a una casita cerca de un bosque en la Ciudad de Esquel, ya que habían decidido salir de la Capital Federal y hacer un servicio comunitario, en un pequeño centro hospitalario.
         Vivieron muchos años allí, pero no tuvieron el regalo de ser padres, Eduardo era estéril, lo que había llenado de tristeza y angustia a Silvia, que sumado a sus fantasmas fue un cóctel espantoso y explosivo.
         Tal era la forma en que lo trataba, que aun amando como lo amaba, con el alma, la ira, la rabia que había demostrado le daban la razón. ¡Finalmente se había vuelto loca ! Y él no podía tolerarlo más. Decidió con un dolor profundo, amargo y  feroz dejarla!
         Se levanta  y comienza a caminar por el sendero lleno de piedras, hojas y cáscaras ....... sólo se siente el crujir de sus zapatos. Todo es quietud, soledad.
         Vuelve despacio, ya es noche serena, la luna se asoma a través de las nubes brillantes, es un espectáculo para disfrutar. Lástima que tiene unas tremendas ganas de gritar.
         La casa estaba en penumbras, siente el frío que entra por las ventanas que habían quedado abiertas. Las cortinas vuelan en forma tranquila por una brisa suave que ha comenzado a correr.
         Enciende las luces, no escucha nada, ella no esta, sólo se encuentra con una nota escrita con desprolijidad donde dice:
         “Eduardo, tanto es el amor que siento por vos, que estoy dispuesta a dejarte aunque me muera de amor”.
         Se quedó boquiabierto, no puede emitir ningún sonido, está estupefacto.
         Como un niño se pone a sollozar y al fin se da cuenta que todo ha terminado, se ha quedado profundamente solo......

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