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lunes, 10 de octubre de 2011

MI AMANECER ( RELATO DE MARIA ESTER)


MI AMANCER


Amanezco con la musiquita suave y repetitiva del reloj electrónico que tengo arriba de la mesita de luz, el que suena varias veces hasta que al final abro mis ojos y me desperezo.
No me cuesta levantarme, apenas salto de la cama alrededor de las 7 comienzo a sentir los sonidos de la casa. El agua correr al lavarme y sacarme la cara de sueño. El cepillarme los dientes, y peinarme para estar preparada para la jornada.
También a sentir los ruidos que trae la calle hacia dentro de mi casa, el “ tu, tu” de las bocinas de los autos, el “chirriar” de las gomas de los colectivos, “ el piar” de los pajaros que despiertan, el “ cotorreo” de las catas que duermen en los viejos carolinos.
Enciendo las luces de mi casa de dos plantas, me encuentro en la cocina, prendo el televisor, el cual me acompaña con el “ parloteo” de los locutores con sus noticias rimbombantes, tristes, pesimistas algunas, otras que dan risa, en fin con ellos tomos mi mates que luego prepararé e inicio el día.
Siento el doble “ gong” del timbre; llega Rosa, mi empleada, la saludo.
         —¡Hola Rosa! ¿ Cómo estas? ¿ Cómo viene el día?
         Y ella dice:
         —Hoy está lindo, apenas corre una brisa “ suavecita”, va a estar agradable.
         Al abrir la puerta veo los primeros rayos de luz, del sol que tímidamente va apareciendo en el este.
         Contemplo el bello celeste-rosado del cielo, y las nubes atravesadas por los rayos solares. ¡Es un amanecer fantástico!, pienso.
         Luego se empieza a sentir el bullicio propio del hogar, el encendido electrónico de mi cocina con su inconfundible “ clic, clic,”, el agua fuerte al entrar a la pava para mis mates mañaneros, y esperar su “burbujeo” que indica que ha llegado el tiempo justo para retirarla y que no hierva.
         Algunos de mis cinco gatos se expresan con sus “miau, miau”, haciéndome saber que tienen hambre, entonces me dirijo a la lavandería, les sirvo su alimentos, y les pongo agua fresca, y otros que se han quedado afuera lloran y se quejan por querer entrar. 
         Preparo el mate y me voy al escritorio donde se encuentra mi compañera de ruta diaria, “la computara”. La enciendo, y ella con sus “pip” e indescifrables ruidos electrónicos me va indicando que de a poco se abriendo el Windows, presta a ser usada.
         Me acomodo entusiasmada en mi sillón de color negro, reclinable, que se mueve acompañando mi ansiedad por ver lo que me llegó. Entro a Internet a ver mis correos, esperando encontrar tal vez el “ mail” con la respuesta a mi carta del día anterior, enviada a mi prima Mila de España.
         Y es hora de despertar a Daniela, mi hija que este año termina su último curso, que pronto ya va a estar en la Universidad, ¡quien lo hubiera pensado!.
         Voy a  su habitación y en forma muy suave, pero firme le digo:
         —Vamos Dani, hay que levantarse, ya es la hora, tenemos que ir al Colegio, y ahí nomás sin quejarse comienza a vestirse y luego baja a tomar su desayuno de te con leche y alfajores.
         Mientras,  Rosa ya ha principiado con su tarea, que es barrer la vereda, sacar las hojas que han caído y luego escucho el “ chapoteo” del chorro del agua que sale con fuerza y moja la tierra en forma de lluvia.
         Cuando ya la casa es un ir y venir de gente, de mates tomados, de desayunos apurados, de veredas mojadas, .....ya se está haciendo la hora de partir.
         Abro el portón, siento el “ quejarse” de las bisagras a las cuales les falta lubricación, el entornar las hojas del portón de madera que son pesadas y también muestran sus “ crac”,  y golpeteos contra la pared al abrirlas. 
         Entro al auto y lo trato de encender; el pobre ya tiene algunos años, y mañas para arrancar, “ triquitraque” hace el motor,  pero al final ya funcionando salgo rauda a llevar a Daniela a su escuela.
         Ya es pleno día, todo es un torbellino de ruidos que se entremezclan, bocinazos, frenadas, arranque de autos, ir y venir de gente que camina por la vereda, el “ correteo” de los niños que con su algarabía propia de la niñez corren prestos a comenzar su día en la escuelita primaria del barrio. Todo en ellos es risas, empujones, gritos,...... ¡en fin alegría por doquier!
         Salgo apurada, llegaremos tarde sino acelero el auto, y arribar  con el último “ring, ring, ” del timbre del cole de Daniela.
         Comenzó mi día frenético, y hasta el anochecer la ciudad se hará sentir “ estrepitosamente” con la actividad diaria. La noche llegará con sus sombras, sus silencios, sus movimientos serenos y acompasados, y no habré vuelto a mi cama hasta casi la medianoche, para recomenzar un día más con  la musiquita suave y repetitiva de mi reloj de mi mesita de luz.

Copyright-All rights reserverd MARIA ESTER CORREA. Abril 11 de 2010



                                               MARIA ESTER CORREA. 

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