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lunes, 10 de octubre de 2011

PARTE DEL AIRE ( PROSA LIRICA-MARIA ESTER CORREA)

PROSA LIRICA

PARTE DEL AIRE

24/06/2010

         De las personas que ya no están con nosotros en la familia, todas las llevo en mis pensamientos, me acompañan día a día.
         Pero en este discurrir de ideas, volcados en este simple papel, quiero rescatar de la telaraña de los recuerdos a tres.
         Uno de ellos es Juan Facundo, el que completó la docena de retoños de mi madre.
         Llamado quizá así por el bagaje ancestral de los Correa, siendo mi padre precisamente chozno del gran Caudillo riojano, el Trigre de los llanos, Facundo Quiroga.
         Tuvo nueve lunas y llegó al mundo envuelto en el sueño de la vida y la muerte .
         Dicen que se soltó de su cuna de agua, ternura y amor, por un gran esfuerzo de mi madre. Un fuego infernal, por la culpa que no fue culpa de una niña que solo imitó los que los mayores hacían.  Arrebatador de ropas colgadas en el alambrado del fondo de la casa, y el pasto amarillo del frío glacial de las noches y mañanas de San Rafael. Corridas para apagar tanto destrozo. y se desprendió de aquella, y se fue....Y se fue....Esa niña creyó durante años cosas que el destino marcó....
         Mi hermano Fabián Eugenio, un alma elegida.
         Desde su dulce infancia demostró un corazón bondadoso, sacrificado. Una travesura en las alturas a la búsqueda de bombones tentadores, rompió el vidrio del aparador del comedor estallando en miles de pedacitos.
         Ante la reprimenda, con solo tres años, besó las manos de mi madre con delicada fruicción.
         A los ocho ya había decidido su vocación de abrazar la fe Mariana y llegar a ser hermano marista.
         Sus inocentes travesuras, las pagaba lavando los trastos y vasos en almuerzos multitudinarios.
         El día de la madre, especial para él, regalos que implicaban abnegación en la tarea encomendada.
         Mi madre en su infinita sabiduría y pensando que aún era muy pequeño le dijo: “ Bueno, si el año que viene seguís con la misma idea te voy a dejar ir al juniorado marista”.
         Así pasaron 4 años, hasta que el director de la congregación se lo llevó al ansiado sitio elegido por él. Tenía sólo 12 años.
         Sacrificio de mis padres, ilusiones de hermanos, llegadas a San Rafael al disfrute de vacaciones de invierno y de veranos arrasadores, amigos, amigas, hicieron flaquear su decisión.
         Dejó un año, y al fin de 1969 con 17 años decidió definitivamente volver. Finalizaría cuarto año, y ya no lo volveríamos a ver....
         Pero el destino le tenía deparada una sorpresa. Se despidió un día 20 de noviembre. Un cambio de planes, Jorge por él. Viaje a Mendoza un viernes a la tarde. Lavó los platos con mi mamá, regaron las plantas, conversaciones sobre sueños ocurridos en la noche. Mi madre alentándolo a la vida, por la premonición de la muerte.
         Camino por rutas peligrosas, lluvia, asfalto mojado, resvalidizo. Se cruza un animal, el jeep conducido por mi padre sale dando tumbos disparado como un trompo, y él sacado por unos ángeles, queda al costado yaciendo con su cara húmeda, ni un rasguño mirando al cielo.
         Sus sueños de la noche se hicieron realidad. Muerte prematura, colchón de rosas como lecho donde siempre quiso yacer.
         Su sonrisa inocente de dientes blancos, su ternura y frescura me acompañan en cada momento. Su presencia es real....
         El último: Guillermo Miguel, Guille para todos. Blanco cual algodón recién cosechado. Ojos marrones y grandes. Rubios rulos ensortijados. Voz ronca discorde con su inocencia.
         Miedos asustados, conejo de peluche, compañía inseparable de noches oscuras. Camas mojadas hasta bien entrada su pubertad.  Candidez, timidez, pureza.
         Infancia en Buenos Aires, pubertad en Mendoza. Delgadez y altura impropia de su edad.
         Alegría rebozante. Hermano, hijo, nieto, sobrino, amigo, novio ejemplar...
         Un 22 de junio de hace 7 años la futíl y tramposa muerte lo acechó durante seis meses.
         La blanca parca lo rodeaba de día y de noche, la lucha fue feroz, titánica, desigual, con fluidos en sus sangre que hicieron que su cabellera se convirtiera en un recuerdo. Guille no se amilanó, duros momentos, felices otros, sus 27 años a la distancia por su faltas de defensas, canción de feliz cumpleaños, llantos desesperados, padres acongojados, amigos silenciosos, callados....
         Pasillos limpios, solitarios, caminados por blancos delantales, su habitación su mundo camino al infinito, recuerdos, banderines de boca, “Bob esponja” su dibujito preferido....  
         El sino fatal estaba trazado.
         Se fue en la madrugada del 23 de diciembre de 2003. Dibujó como siempre su última sonrisa antes de dormirse en un sueño de castillos en el aire, de diseños elaborados de pinturas y de solventes. Se fue a diseñar su inmortalidad, cual lo había hecho en la vida.
         Había cumplido con la tarea encomendada.
         Parafraseando al gran cantante argentino: Fito Paez: “ El amó una estrella en su soledad, una noche antes de navidad, recortó los cables con un diamante y fue parte del aire.
         ¡Fueron parte del aire y allí van en libertad!...

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